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martes, 25 de octubre de 2011

LA IGLESIA ES UN HOSPITAL


Mateo 4:
23 Y recorría Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
24 Y corrió su fama por toda Siria. Y le traían a todos los enfermos que eran tomados de diversas enfermedades y tormentos; los endemoniados, los lunáticos y los paralíticos; y los sanaba.



¿Cuántas clases de enfermedades hay en la iglesia?, ¿Cual enfermedad tengo yo y cual tiene tú?, ¿Seré yo uno de los paramédicos, enfermeros o tal vez asistente en la iglesia?

Hay enfermedades en la iglesia que nunca se sanan o aparentemente nunca se sanan; ahora bien estamos nosotros para sanar las enfermedades, pienso que no; tal como el doctor no quien sana, sino que él solamente suministra los medicamentos y el cuerpo hace su función y se sana; así también las enfermedades espirituales como el odio, la envidia, el rencor, las raíces de amarguras, entre otras.

Todas enfermedades y mas que podríamos mencionar, nosotros no estamos llamado a sanarla; somos los enfermeros, los paramédicos o tal vez doctor, en este caso el pastor de la iglesia, suministramos el medicamento y luego el cuerpo, en este caso el hermano, debe hacer su función.

La iglesia es un hospital donde se llevan todo tipos de enfermos, con enfermedades que se ven y enfermedades que se ven. Nosotros no estamos llamado a sanar ninguna enfermedad; pero si podemos darle los primeros auxilios, como el orar por el enfermo, el darle un buen consejo, si es que el enfermo lo permite.

Ahora bien si el enfermo no permite que oremos por él o que le demos un buen consejo, entonces nosotros debemos aceptarlo tal y como él es y esperar que venga el Médico Divino y haga un milagro en esa vida.
Pienso que las enfermedades que se ven el Médico Divino la sana al instante; pero hay enfermedades que no se ven que parece ser que el Médico Divino se toma tiempo y digo parece ser, ya que la Biblia señala “sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”.

Dios todavía sigue siendo el mismo.

Felix Abreu

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