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domingo, 8 de enero de 2012

AMOR SANTO



Lectura: Isaías 6:1-8.

"... Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos [...]. ¡Ay de mí! que soy muerto..." Isaías 6:3,5

En la actualidad, muchos seguidores de Jesucristo centran su atención en el amor y la bondad de Dios, pero pocos piensan en Su santidad. ¡Incluso, menos los que se estremecen por temor a ella! ¿Por qué?


La razón es la siguiente: Cuando vislumbramos la grandeza y la gloria de nuestro Señor, vemos más claramente nuestra maldad. ¡Y esto nos humilla!

Observamos una ilustración de esta verdad en el Evangelio de Lucas. Después de ser testigo de un milagro, Pedro cayó delante de Jesús y clamó: "Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador" (5:8).

Si tuviéramos que ver a Dios en todo Su esplendor y santidad, reaccionaríamos como lo hizo Isaías y admitiríamos nuestra maldad (Isaías 6:5). Esta es una respuesta apropiada, pero incompleta. El Señor no nos busca para destruirnos con Su santidad, sino que Su propósito es quitar nuestro pecado (v. 7). Anhela que experimentemos Su perdón y disfrutemos de una íntima comunión con Él.

Esta verdad toca muy de cerca mi corazón. Hace unos años, en un solo y desgarrador instante, vi con más claridad que nunca el horror de mi pecado. Me sentí aplastado, quebrantado, aterrorizado... hasta que también percibí el insondable amor de Dios y Su poder para perdonarme y purificarme (1 Juan 1:9).

Dios no revela Su santidad para destruirnos, sino para exponer nuestro pecado y eliminarlo. Pídele hoy que te limpie.

Reflexión: Dios tiene un ojo que todo lo ve y un corazón que todo lo perdona.

Fuentes: Nuestro Pan Diario

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