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lunes, 5 de marzo de 2012

La Muerte es como una Llave de Oro



Al mirar un cuadro que representa a la muerte en forma de esqueleto sosteniendo una guadaña en la mano, un creyente hizo el siguiente comentario: «Yo hubiese pintado a la muerte en forma de ángel con una llave de oro en la mano».
¡Qué diferencia! La muerte es la consecuencia del pecado (Romanos 6:23) y el juicio contra el desobediente (Génesis 2:17). Nos llegará a todos, porque todos pecamos. Sin embargo la muerte, fin de nuestra vida terrenal, conduce a dos destinos completamente opuestos e incomunicados.

    La muerte introduce en el paraíso a aquellos cuyos pecados fueron perdonados mediante el sacrificio de Cristo, pero a los que no creen los conduce con sus pecados a un lugar de tormento (Lucas 16:23), en medio de la amargura y la angustia, donde esperan el juicio del Dios santo. Vale la pena definir desde hoy hacia qué destino me conducirá la puerta de la muerte.

      Leamos lo que Jesús dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26). Jesús, después de su resurrección, dijo también al apóstol Juan: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:17-18). El que tiene la llave de oro no es un ángel, sino Jesús mi Salvador. 

¿Es también su Salvador?

Fuentes: Amen, Amen

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