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martes, 24 de abril de 2012

La crisis mata de verdad



Mientras unos se dedican a la caza mayor y otros a la caza menor porque tienen recursos sobrados para ello, hay otras personas sin recursos que, en vez de matar animales, se matan a sí mismos, como última escapatoria del sufrimiento que les provoca el agobio de las deudas o el quedarse sin trabajo. Acabo de leer que en Italia ya se reconoce pública y hasta oficialmente (por parte del primer ministro) que cada día se quitan la vida dos personas (de promedio) debido a los efectos de la crisis económica. En Grecia parece que el promedio supera esa cifra. En España las cifras son parecidas a las de Italia.


Yo conozco a muchas personas cercanas que han visto disminuido su sueldo. Se adaptan. Conozco a otros a los que les han reducido drásticamente su salario después de estar trabajando casi 40 años en la misma empresa. Resisten, sobre todo gracias al apoyo de su familia. Sé de otros que se han quedado sin trabajo. Y en algún caso han sido despedidos por pequeños empresarios con una empresa familiar y se han visto obligados a dejar sin trabajo a parientes cercanos o a trabajadores que eran sus amigos. Todavía no sé de nadie conocido que se haya suicidado. Espero que eso no “les” llegue. Desgraciadamente a otros les ha llegado.

La desesperación aumenta por le lentitud de la burocracia y, sobre todo, por el mal trato de los bancos o de la administración del estado. ¿Por qué tienen que echar de sus casas a personas que no pueden pagar, si esa casa, una vez vacía, tampoco resulta rentable para el banco, porque no hay compradores? ¿No se podría llegar a soluciones sociales, que disminuyeran algo la desesperación, sacarles, por ejemplo, sólo si aparece un comprador? ¿No tendría ahí algo que decir la Iglesia, ofrecer alguna orientación, presionar a sus contactos empresariales y gubernamentales, realizar alguna acción conjunta con las organizaciones que se preocupan por paliar las consecuencias de estos hechos?

Hay personas que se están suicidando porque se han quedado sin las migajas del maldito dinero. Otros cuentan con el apoyo afectivo y efectivo de familiares o de personas cercanas. Hay parroquias y comunidades cristianas que, sin hacer ruido, ayudan a algunos de sus miembros a sobrevivir. Es laudable. Pero me parece que, a la vista de la noticia de los suicidios, es hora de empezar a levantar la voz, empezando por aquellos que tienen o tenemos más capacidad de hacernos oír.

Fuentes: Religión Digital

Reflexión: Hay muchos que están pasando por necesidad y no se atreven a decir nada o a pedir por ayuda, como Iglesia debemos hacer obra de caridad, extenderle la mano al necesitado no importando la nacionalidad; haga algo por su prójimo.

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