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sábado, 2 de junio de 2012

Una fe que transforma



La fe confía, transforma y vigoriza todo aquello que toca. De hecho, cada uno de nosotros contiene un mecanismo de confianza. Ni siquiera tenemos que pensar en poner nuestra confianza en las cosas que están dentro o más allá de nosotros.


Piense, por ejemplo, en nuestra confianza en la ley de la gravedad, junto con las leyes de la aerodinámica, que les permiten a los pilotos mantener sus aviones en el aire. No necesito entender la física para confiar lo suficiente y volar a destinos alejados. Simplemente confío en que funcionará. ¿Cómo llamamos a este tipo de confianza constante y permanente en algo? La llamamos “fe”. Podemos decir que tengo una confianza constante y total para viajar en avión. Tengo fe en eso.

Podemos, naturalmente, perder nuestra confianza. Pueden suceder desilusiones e incluso desastres que comprueban que nuestra confianza y nuestra fe no garantizan el éxito. En años anteriores, mi fe fue probada al haber pasado por varias pruebas, retrocesos en mi propia salud y la pérdida de mi esposa, Michal Ann, debido al cáncer de mama. Pero, en conclusión, confío en el Señor con todo mi corazón y elijo no confiar en mi propia prudencia (Proverbios 3:5). He sido un hombre de fe y continuaré viviendo con todo mi corazón para el Señor. Puedo confiar todo lo que quiera en mis sentimientos, en mis circunstancias, en las leyes de la física o en los demás seres humanos; pero el único tipo de fe con una garantía añadida, es la fe en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

La fe en Dios nos da la capacidad de creer en su palabra y de apropiárnosla para nuestra vida. La fe, la cual viene después de arrepentirnos de nuestra autoconfianza, no depende de la adquisición de información o de una experiencia previa, porque se origina en nuestro corazón y en nuestro espíritu, en lugar de hacerlo en nuestra mente. Por fe, permanecemos conectados con la Fuente de vida.

La Palabra nos dice, por lo tanto, que “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Como nuestro Padre amoroso, Dios desea grandemente compartir su vida con nosotros. Sin fe, no podemos responder a su invitación, la cual es otra manera de decir que sin fe, no podemos agradarle. Sin fe, no tenemos los medios para responderle.

Podemos creer y tener fe en Dios, por quien es Él. Su Palabra es verdadera y Él mismo es totalmente incapaz de mentir. Él es digno de confianza en el sentido más genuino de la palabra. Cualquiera que pone toda su confianza en Él, no será decepcionado. ¡Eso nos incluye a usted y a mí!

—Tomado del libro Un fe radical de James W. Goll. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

Fuentes: Vida Cristiana

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