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martes, 10 de julio de 2012

El origen de nuestra aflicción



Leer  ISAÍAS 45.5-10 | Al pasar por tiempos de aflicción nos preguntamos por qué permite Dios que situaciones dolorosas vengan a nuestra vida. Eso no parece coincidir con su papel de Padre amoroso; y nos resulta difícil conciliar nuestro sufrimiento con su amor y su poder para evitarlas. Para entender lo que sucede, necesitamos considerar el posible origen de nuestra aflicción.


Un mundo caído: Cuando el pecado se introdujo en el mundo, el sufrimiento vino con él. Dios pudo habernos protegido de sus efectos dañinos convirtiéndonos en títeres incapaces de elegir el pecado, pero eso significaría también que seríamos incapaces de elegir amarlo.

Nuestras decisiones: A veces, nos metemos en problemas al tomar malas decisiones. Si el Señor interviniera y nos salvara de cada consecuencia negativa, nunca nos convertiríamos en creyentes maduros.

Los ataques de Satanás: El diablo es nuestro enemigo y por tanto pone trabas a cualquier cosa que el Señor quiera hacer en y por medio de los creyentes. Su propósito es destruir nuestra vida y nuestro testimonio, debilitándonos y haciéndonos inútiles para los propósitos de Dios.

La soberanía de Dios: En última instancia, el Señor tiene el control de toda aflicción. Negar su actividad contradice su poder y su soberanía sobre la creación.

Para poder aceptar que Dios permite —o incluso envía— las aflicciones, debemos verlas desde su perspectiva. ¿Tiene usted puesta su mirada en el dolor o en el Señor? Como creyentes, tenemos la seguridad de que Dios no permitirá que nos vengan aflicciones, a menos que sea con un buen propósito.

Fuentes: En Contacto

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