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sábado, 29 de septiembre de 2012

Lógica animada



“De manera que la Ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe”. Gálatas 3:24.
 Dios nos habla de muchas formas. Esta mañana, Él me habló mientras veía unas fábulas.

 La escena te puede sonar familiar. El Correcaminos se dirigía por una polvorosa carretera a toda velocidad. De pronto se detuvo, pintó un túnel negro en la pared de una gran roca, luego se escondió y esperó. El Coyote llegó y de pronto pegó contra la piedra. Quedó aplanado por el impacto.

Fue en ese preciso momento que sentí la presencia de Dios decirme: “Te has sentido así últimamente ¿no es verdad?”. Sólo respondí: “Sí, Señor, tú sabes que sí”. Lo que sucedió después me sorprendió.

Mientras seguían las caricaturas en el televisor, mi mente meditó en Gálatas 3:24: “De manera que la Ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe”.

Recordé momentos en los que había pegado contra un muro en mi propio caminar espiritual. Era como andar en un laberinto, con muchas vueltas. Anticipé que el siguiente movimiento sería mi escape, pero sólo encontraba un callejón sin salida.

Hacía muchos intentos por agradar a Dios, incluso con buenas obras, pero siempre volvía a un “túnel pintado”: la Ley.

He tratado de seguir los mandatos de Dios y sólo me he visto fracasar. No te diré cuántas veces he estado derrotada. Todo el camino, la Ley me enseñaba que era imposible cumplir los mandamientos por mi propia voluntad; sin importar cuánto lo intentara iba a fallar.

Me imaginé a Dios entristecido al verme ser terca en alejarme de su verdad. Siempre dispuesta de seguir mi propio camino y pensar que la próxima vez sería distinto.

El pasaje continúa (versos 25-26): “Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo un guía, porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.

Pensé que era sabia, pero requirió de un dibujo animado para recordarme que los pensamientos de Dios y sus caminos, no son los míos (Isaías 55:8).

Oración

Señor, quiero agradarte, pero reconozco que en muchos intentos he fracasado. Quizá no sea la mejor persona y quizá continúe con mis caídas, pero quiero sentir tu perdón y tu ayuda para levantarme las veces que sean necesarias y seguir. No me dejes, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Missey Butler. Escritora invitada

Fuentes: Club 700

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