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sábado, 1 de septiembre de 2012

Víctimas del acusador



“Un día en que debían presentarse ante el Señor sus servidores celestiales, se presentó también el ángel acusador entre ellos. El Señor le preguntó: ¿De dónde vienes? y el acusador contestó: He andado recorriendo la tierra de un lado a otro” Job 1: 6,7 (Dios Habla Hoy)

 Una acusación, es el cargo que se formula ante una autoridad contra una persona por considerarla responsable de un delito o falta, quien lo cometió es el acusado, y quien se encarga de llevarlo a la autoridad en busca de que se le castigue es el acusador. En el sentido espiritual Dios es la autoridad, el enemigo el acusador y nosotros los acusados. Sinceramente creo que no existe nadie en el mundo que no cometa errores, todos tenemos faltas  y cosas que en algún momento hemos hecho mal, equivocaciones que a pesar de no haber querido cometemos, y de las que después nos sentimos mal de haber hecho.

A veces sin darnos cuenta en el momento, le fallamos a Dios, cometemos faltas contra Él, y desobedecemos a lo que nos ha mandado a hacer, o por el contrario, hacemos lo que nos pidió no hacer, y es ahí donde el acusador aprovecha y busca delatarnos para que recibamos el castigo, pero también llega el momento en el que arrepentidos de lo que hicimos vamos y pedimos perdón a nuestra autoridad que es Dios, y Él sin dudarlo nos lo otorga.

Pero muchas veces mientras Dios nos perdona, el enemigo se encarga de acusarnos y recordarnos cada uno de nuestros errores, hace todo lo posible por hacernos sentir condenados, una y otra vez nos acusa por haber fallado, y hace todo por evitar que experimentemos el perdón de Dios, aun sabiendo que nunca nos lo negará busca a toda costa generar sentimientos de culpa. Es normal sentirse mal por haber fallado, pero no cuando Dios ya te ha perdonado, porque los sentimientos posteriores al perdón de Dios solo deberían generar paz, y el deseo de no volver a fallarle.

Es importante saber que a pesar de haber fallado, si hay un arrepentimiento real Dios perdona cualquier pecado que cometimos.

Pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad. 1 de Juan 1:7 (Dios Habla Hoy)

Nada, ni nadie puede cambiar lo que está escrito en La Biblia, el perdón del que Dios nos habla no cubre solo los pecados más pequeños, su perdón cubre absolutamente todas las faltas, la magnitud del perdón de Dios no se mide de una manera humana, si fuera así, seríamos tantos los que no alcanzaríamos su perdón, mas Dios, de una manera sobrehumana lo hace, para darnos en cada día una nueva oportunidad, a él no le importa lo que va y dice el acusador de ti, lo que realmente le interesa es perdonarte y darte paz.

A veces a pesar del tiempo que ha pasado o de los años que llevamos de conocer a Dios hay cosas de nuestro pasado que nos siguen culpando, y es que el enemigo nunca desperdicia la oportunidad de hacernos sentir mal, de recordarnos nuestros errores, y de hacernos creer que hay cosas que Dios no  nos perdonará, cuanto mal hicimos o cuantas malas actitudes tuvimos, y aun en el presente, es como si estuviera siempre pendiente de en qué momento nos equivocamos para correr a acusarnos y aunque sabe que Dios nos perdonará, busca la manera de hacernos creer que no lo hará o que  no lo merecemos.

Todos tenemos un pasado, todos algún día cometimos errores, pero independientemente de todo lo que pudiste haber hecho, el presente es una nueva oportunidad que hay que aprovechar, tal vez no puedas cambiar el pasado, pero si puedes recuperarte y aprovechar el presente para ser mejores,  De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.  2 Corintios 5:17 (Reina-Valera 1960)

¡Anímate! No es tiempo para lamentarse por cosas que Dios ya te ha perdonado, el acusador no tiene motivos para condenarte, el único que puede hacerlo te ha otorgado ya su perdón, y te da en cada día una nueva oportunidad de vivir porque sus misericordias son nuevas cada mañana, mejor es ponernos a cuentas con Dios cada día para no tener acusaciones en nuestra contra, todos fallamos, pero la misericordia de Dios es grande y su sangre aun hoy nos limpia de todo pecado.

La próxima vez que te sientas como una víctima del acusador, recuerda estas palabras: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. 1 Juan 2:1 (Reina-Valera 1960)
Autora: Maite Leija

Escrito para: www.devocionaldiario.com

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