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lunes, 15 de octubre de 2012

Al Final De Mi Cadena


Office worker wearing a dog collar and lead

Nosotros somos descendientes de Abraham —le contestaron—, y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir que seremos liberados?” Juan 8.33

En una ocasión viajamos a otros país para dar un seminario por un fin de semana. Cuando llegamos a la casa en donde nos estaríamos quedando vimos que en el frente, la propiedad estaba bordeada con hermosos árboles gigantes y viejos.

 Encadenados, en cada árbol de por medio, había un perro guardián. Algunos de los perros se quedaron en su lugar ladrando, sabiendo que por sus cadenas, no podían ir muy lejos. Sin embargo, uno de los perros hizo algo diferente.

Cuando veía a un pájaro o un carro pasar, salía corriendo tras ello. Y cada vez, justo cuando estaba por llegar a su meta la cadena lo jalaba y sacudía al perro con el tirón. Era como si el perro no supiera que estaba encadenado a un inmenso árbol inmovible.

Muchos de nosotros vivimos la vida como ese perro. Si le preguntases a una persona que vive de esa manera si esta viviendo en libertad, probablemente te respondería que sí. Probablemente te diría, “Mira al país en el que vivo. Mira a mis padres o a mi vecindario. Mira mi trabajo, mi casa y mis cosas. No soy esclavo, soy tan libre como sea posible. Mira la iglesia a la que asisto, soy cristiano.” Ese tipo de gente se mete de lleno en la iglesia rápidamente.

Les encanta estar involucrados, estar activos y haciendo muchas cosas. Pero luego, cuando parece que están a punto de hacer algo increíble, son detenidos y jalados con una sacudida. Son contenidos y están encadenados. Para alguna gente es el amor al dinero, sus pertenencias, su estilo de vida y la comodidad. Para otros es el pecado en sus vidas.

En el versículo mencionado la gente estaba respondiendo a Jesús cuando El les dijo cómo ser libres. Les dijo que si creían en la verdad que El les estaba enseñando entonces serían libres. “Ser liberados?” preguntaron. “Ya somos libres!”

Hoy, te animo a que le des un vistazo a tu vida. Qué tan libre realmente eres? Si Dios te pidiese que te mudaras a otro país, que vendieras todas tus pertenencias, que cambiaras de trabajo o que terminaras una relación, lo harías? Si cuando lees la Biblia y llegas a un pasaje en donde se resalta algo que necesita ser cambiado en tu propia vida, lo cambiarías, sin importar qué? Fuiste hecho para vivir libre, en Jesús. Estas viviendo libre o estas viviendo al final de una corta cadena?

Robert & Rebecca Vander Meer
LaArboleda.net
Ezekielsgrove.com

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