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miércoles, 3 de octubre de 2012

Cómo ser verdaderamente importante



¿Le gustaría a usted ser respetado, admirado, apreciado, importante?  Si usted es una persona común, la respuesta ha de ser esta: sí, me gustaría.

Muchos grandes pensadores han afirmado que este es un deseo común a toda persona. Sigmund Freud, por ejemplo, afirmó que todo lo que hacemos surge de dos motivos: el impulso sexual y el deseo de ser grande.
Por su parte, John Dewey, considerado el más profundo filósofo norteamericano, aseguró que el impulso más recóndito de la naturaleza humana es, precisamente, el deseo de ser importante.

También el hombre más sabio que jamás ha existido habló sobre este deseo, según aparece en el evangelio de hoy.

 Los discípulos del Señor estaban discutiendo entre sí, cuál de ellos era más importante, y el Señor les dio la fórmula para lograrlo. He aquí sus palabras:

“Si alguno quiere ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”.

La verdad es que el Señor dice cosas totalmente contradictorias. Pero también es cierto que Él mismo, siendo el gran servidor, ha variado el rumbo de la historia como ningún otro hombre lo ha hecho.

¿Será cierta esta aparentemente descabellada fórmula para  ser importante?

¿Acaso no está proponiendo el Señor algo totalmente contrario a la naturaleza humana? ¿Acaso no demuestra uno su importancia según el número de personas que tiene a su servicio? Además, ¿quién se siente mejor, aquel a quien sirven o el que está al servicio del otro...?

A propósito de esto, en Estados Unidos, un grupo de destacados doctores en Psicología realizó un amplio estudio analizando a miles de personas de todos los estratos sociales.

Dicho brevemente, su propósito era descubrir cuál era el secreto de la gente que se siente bien, de los que son felices.
El resultado de esta investigación es que, contrariamente a lo que casi todo el mundo cree, no es el dinero, ni la fama, ni la belleza, lo que hace a las personas sentirse afortunadas y realizadas.

En cambio, en toda persona auténticamente dichosa encontraron este común denominador: ellos estaban contribuyendo desinteresadamente al bien de los demás.

Dicho con las palabras del Señor, ellos están sirviendo a los demás.  Y no por salir en los periódicos, sino desinteresadamente, o mejor aún, anónimamente.

Estoy completamente seguro de que el Señor hubiera estado de acuerdo con este descubrimiento de los científicos norteamericanos. Él afirmó: “No he venido a ser servido, sino a servir”. Y es la persona más importante que jamás ha existido.

La pregunta de hoy

¿ES POSIBLE SER FELIZ, SIENDO EL ÚLTIMO Y SIRVIENDO?
En una reciente reunión con amigos, hice esta pregunta: “¿Conocen ustedes a alguien que haya hecho algo por los demás, sin que su mano izquierda supiera lo que hizo su derecha?”.
Piénselo. ¿Conoce usted a alguien que haga esto...?

Don Rufino, hacendado del sur, enviaba regularmente bidones de leche a una comunidad pobre, y lo hizo de modo que ellos jamás supieron quién les estaba regalando esa leche que con tanto gusto consumían.
Don Rufino era importante ante Dios, y estoy seguro de que era feliz. Él sí descubrió la manera de ser verdaderamente importante.

En el cristianismo la motivación es todo.  T.K. La vida del alma consiste en el abandono, y no en la conquista. (Teresa de Lisieux).


Por Luis García Dubus, Santo Domingo

Fuentes: Listin Diario

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