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jueves, 4 de octubre de 2012

Creados para buenas obras



DIOS NOS CREÓ PARA HACER BUENAS OBRAS. “PUES SOMOS HECHURA SUYA, CREADOS EN CRISTO JESÚS PARA BUENAS OBRAS, LAS CUALES DIOS PREPARÓ DE ANTEMANO PARA QUE ANDUVIÉRAMOS EN ELLAS” (EFE. 2:10).

 “En su divina disposición, en virtud del favor inmerecido del Señor, él ha ordenado que las buenas obras sean recompensadas. Somos aceptados solo por los méritos de Cristo; y los actos de misericordia, las
acciones de caridad que realizamos, son los frutos de la fe, y llegan a ser una bendición para nosotros; pues los hombres serán recompensados de acuerdo con sus obras. Es la fragancia de los méritos de Cristo lo que hace aceptable para Dios nuestras buenas obras, y es la gracia la que nos capacita para hacer las obras por las cuales él nos recompensa.

Nuestras obras en sí mismas, y por sí mismas, no tienen ningún mérito. Cuando hemos hecho todo lo que nos es posible hacer, debemos considerarnos como siervos inútiles. No merecemos ninguna gratitud de parte de Dios. Solamente hemos hecho lo que es nuestro deber hacer, y nuestras obras no podrían haber sido hechas con la fuerza de nuestra propia naturaleza pecaminosa” (Mensajes selectos, t. 3, pp. 227,228).

El objetivo de las buenas obras no es llamar la atención sobre nosotros mis­mos, sino inducir a los demás para que miren a nuestro Padre celestial. Esta cuestión es fundamental porque tendemos a hacer
buenas obras para impre­sionar a los demás. Nuestra naturaleza soberbia y pecaminosa nos lleva a practicar buenas obras por razones egoístas.
Supongamos que alguien está enfermo y que el diablo entra en la habitación y lo sana. ¿Podríamos decir que el diablo hizo una “buena obra” porque curó al enfermo? La respuesta es que no. Satanás nunca
haría nada que pudiera glorificar a Dios. De hecho, cualquier cosa que haga el maligno, por buena que parezca, tiene un único fin: causar la ruina eterna de la persona a la que, en apariencia, ha ayudado. De la misma manera, aunque esté revestido de una apariencia de bon­dad, lo que no se hace para gloria de Dios nunca traerá nada bueno.

Que Dios nos ayude para que, si comemos, bebemos o hacemos cualquier otra cosa, sea todo para la gloria de Dios (1 Cor. 10:31).

Fuentes: Reflexiones Cristianas

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