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viernes, 19 de octubre de 2012

“No podemos cambiar la realidad, pero sí cómo la percibimos”



 BOGOTÁ |  El estrés, esa respuesta adaptativa necesaria para la supervivencia de las especies, tiene una doble cara: nos puede llegar a ser de gran utilidad pero también nos puede destrozar la vida.  “Las sociedades más adelantadas han generado unas expectativas altas que convierten lo útil en indispensable, algo que nos acaba estresando, tensionando y, que en ocasiones, nos puede hace enfermar”, sostiene el médico colombiano Santiago Rojas en una reciente entrevista con La Vanguardia.

Es por ello que acaba de publicar el libro Desestrésate, con claves para liberar tensión y así mejorar nuestra calidad de vida.  “Es en el gozo donde nosotros estamos en bienestar, y el gozo nace del agradecimiento”,  afirma.

El autor aclara que el estrés es la forma como nosotros nos adaptamos a los cambios que ocurren en la estabilidad. “Si nos adaptamos correctamente, estamos en equilibrio, si nos desadaptamos es cuando entramos en tensión. Y eso tiene que ver con cómo valoramos las pérdidas de lo que teníamos antes”.

 UN GRAN INCOMPRENDIDO
El estrés ha existido siempre, pero el término se empezó a acuñar en el siglo XIV a partir de la  palabra de origen griego stringere, que significa “provocar tensión”.  Sin embargo, no es hasta la mitad del siglo pasado cuando Hans Selye, que lo estudió con profundidad, enmarcó los molestos síntomas físicos y psíquicos que se presentan ante diversas situaciones generadoras de tensión dentro de lo que llamó el síndrome general de adaptación.

Como resultado de sus investigaciones, Selye dejó claro que el estrés es esa adaptación que tenemos las especies y que podemos hacer de una manera favorable, sacando provecho de la experiencia, o de una manera desfavorable, sufriendo tensión y llegando al agotamiento y a la enfermedad. Pero la humanidad se ha quedado sólo con esta última descripción.

“El estrés es un gran incomprendido porque no hemos podido desarrollar su faceta positiva.  No hemos podido encontrar el bienestar del gozo”  afirma Rojas.

 UN CAMBIO POSIBLE
El autor utiliza los términos ´eustrés´ y ´distrés´ y explica la diferencia entre ambos. “Bioquímicamente, el eustrés es una liberación de tres sustancias en equilibrio a nuestro cerebro: dopamina, serotonina y noradrenalina; mientras que el distrés supone una liberación de cortisona, que no nos produce nada. Cuando uno tiene eustrés, sale fortalecido: sufrimos durante el partido de fútbol pero ganamos, trabajé duro para conseguir algo, pero lo logré; es decir, nos da una satisfacción que minimiza todo lo que ocurrió. El distrés nos lleva al agotamiento, a la sensación de fracaso e impotencia. Y finalmente, el eustrés hace que disfrutemos y que validemos la experiencia como provechosa, mientras que el distrés aparece cuando hacemos algo por obligación, que nos provoca tensión y hace que sintamos esa vivencia como inadecuada.  La forma en que vivo la valoración de lo que está ocurriendo es lo que me generará un tipo de estrés u otro.  No podemos acabar con el distrés, pero podemos fortalecer el eustrés minimizando el distrés”.

Pasar de un estado de distrés a uno de eustrés es posible. “Para ello hay que cambiar la perspectiva de las cosas. No podemos cambiar la realidad, pero sí la forma como la vemos”, señala el autor.

 ¿ÚTIL O INDISPENSABLE?
“El que más goza es el que tiene gustos más simples. Si tenemos gustos menos simples nuestro estrés será más alto”, sentencia el profesional, convencido de que “no somos capaces de diferenciar lo útil de lo indispensable, y eso nos estresa.  Solamente hay cosas indispensables para nuestra supervivencia, pero no para la vida.  Esa es una clave esencial. El problema es cuando transformamos cosas útiles en indispensables”.

La clave del estrés es aprender a adaptarse a la condiciones y valorar los cambios de una manera más favorable. “Hay que entender que tenemos pérdidas y adaptarse adecuadamente al cambio. Cuando nos adaptamos, vivimos con menos tensión, y eso lo vemos porque hay gente que es feliz a pesar de tener una gran cantidad de dificultades”, insiste Rojas.

Haber decidió volver indispensables para nuestro bienestar cosas que no lo son no es el único problema. También nos afecta el control: “Cuando quieras tener control sobre todas las cosas que ocurren fuera, vas a tener siempre tensión. Uno se estresa porque Messi no patea bien porque quiere controlarlo desde fuera de la pantalla. Queremos controlar a los demás y por eso nos estresan los hijos, la pareja o el mundo”, advierte Rojas.

 UNA SOCIEDAD ESTRESANTE
Observando el distrés en la sociedad,  Rojas señala que el más grande se produce cuando lo que era innecesario se vuelve necesario.  “El organismo se prepara para la lucha y la supervivencia y te dice ´necesito llegar al trabajo rápido´. Cuando el cuerpo recibe ese ´necesito´ se prepara para luchar, el corazón late más rápido, las pupilas se agrandan para ver mejor y el sistema cerebral empieza a trabajar a gran velocidad. Y todo eso, durante unos dos, tres, o cuatro minutos, es fundamental. Pero si yo no soy capaz de vivir adecuadamente el estrés y no entiendo que son necesidades transitorias de supervivencia y las mantengo de forma permanente, mi sistema se agota y yo puedo contraer una enfermedad”.

En contrapartida,  en sociedades que no están tan avanzadas como la nuestra no hay tantos episodios de estrés.  Ante esto, Rojas opina que se debe a que nosotros “hemos vuelto necesario lo que no lo es. Tenemos necesidades de consumo, de apariencia, de logros individuales, de competencia o de metas empresariales y económicas. En las sociedades donde no existen esas expectativas no hay tanta tensión y tienen menos estrés. Nuestra sociedad ha puesto unas expectativas que vuelven necesarias cosas que no lo son. Hemos optado por más logros y metas, y menos por disfrute.  Las sociedades que tienen más disfrute y menos necesidades inalcanzables viven mejor”.

 VOLVER A LAS COSAS SIMPLES
Para Rojas la crisis –tema tan actual y cercano- es como “mi sistema estresor, mi incapacidad de adaptarme a mi nueva realidad y modificar mis expectativas”. Aclara que “eso no quiere decir que acabe con mis sueños, simplemente los modifico por una necesidad. Tengo que aprender que en el camino hay muchas paradas técnicas que tengo que hacer. Hay que validar la crisis como una parada técnica en un momento de recogimiento y de valoración”.

Todos los países han vivido crisis. Al respecto, el autor puntualiza que “la dualidad entre el ser víctima o victimario es lo que lleva a que las crisis se perpetúen en cualquier lugar”.  El estado de la víctima –aclara- es el de ´el mundo contra mí y el mundo seguirá contra mí´, y el del victimario, ´como a mí me ha pasado esto, voy a destruirlo todo´.  “Ahí entra la actitud de la persona: ¿Qué provecho puedo sacar yo? Y de ahí es donde salen los grandes descubrimientos de la humanidad. Si no soy víctima ni victimario empiezo a ser lo que se llama el observador consciente, y desde la oportunidad genero agradecimiento. Las crisis están hechas para que la gente cambie o mejore, pero no para que se perpetúe”.

Santiago Rojas considera que  el estrés parte del desconocimiento del funcionamiento natural del organismo  y que la sociedad nos lleva a hacer cosas que van en contra de eso: dormir menos, trabajar más, generar necesidades absurdas. “El organismo vive con cosas muy simples. La gran enseñanza de esto es ir a lo sencillo, a los gustos simples. El animal no necesita lujos ni muchas cosas para estar en equilibrio. Los gozos más infinitos están en cosas sencillas, dormir, la mirada, la ternura, el cariño. Y esas cosas sencillas son las que necesitamos en la vida para estar en equilibrio. Eso es lo que nosotros deberíamos volver a validar. No suframos la crisis, simplemente aprendamos de ella”, concluye.
 
Fuentes: La Vanguardia
Editado por: Protestante Digital 2012
 

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