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viernes, 12 de octubre de 2012

Nuestro Padre Celestial



“Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que lo temen” (Salmo 103:13).
Es una lástima que, para algunos, la palabra “padre” pueda despertar senti­mientos negativos. El diablo ha conseguido manchar y casi destruir por completo muchas de las cosas que, para la existencia humana, son preciosas y sagradas. Dios quiso que, aunque solo fuera en parte, pudiésemos entender nuestra relación con él a través de los vínculos familiares.

 Si en el hogar impera la infelicidad, el concepto de Dios que pueda tener una persona estará distor­sionado. Una familia disfuncional puede ser la causa de que aparezcan grandes obstáculos en nuestras relaciones, lo que nos impediría conocer y entender a Dios como nuestro Padre celestial.

A pesar de que, para muchos, su familia ha sido causa de grandes sufrimientos, Jesús enseña que al orar nos dirigimos al Padre que todos los hijos quisieran tener y que, de hecho, tenemos. Nuestro Padre
celestial conoce cosas de nosotros que ni nosotros mismos llegamos a entender. Sabe qué nos conviene y, si se lo permitimos, hará que todo nos ayude para bien. Eso no quiere decir que todo lo que nos sucede tenga que ser agradable; sino que, a pesar de todo, él acabará sacando algún bien de una situación adversa.

¿Qué pasa con la comunicación entre padres e hijos? Un estudio de la Universidad Cornell indica que los padres con niños en edad preescolar dedican un promedio diario de 37.7 segundos a tener contacto real con sus pequeños. En cambio, el estudio reveló que los niños ven la televisión alrededor de 54 horas semanales. ¿Se puede conocer a alguien dedicándole solo 37.7 segundos al día?

Cuando oramos, nuestro Padre celestial nos asegura de que él nos oye. Cada vez más, las grandes empresas automatizan sus servicios de atención al cliente. Se trata de llegar al extremo de poder llamar a una empresa, mantener una conversación, dar y recibir información… ¡sin que medie contacto humano alguno! 

Es posible que una voz nos diga:
“Gracias por su llamada, que tenga un buen día”. ¡Y, de hecho, habremos hablado con una computadora!

Fuentes: Reflexiones Cristianas

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