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viernes, 9 de noviembre de 2012

La guitarra desafinada



Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas. Salmos 127:1 (Dios Habla Hoy)

Hace algunos días estuve intentando hacer una tarea sobre mi clase de guitarra, pero mientras trataba una y otra vez de tocar un circulo de notas en secuencia pude darme cuenta de algo, tenía un  problema que no había notado, había estado aprendiendo todo en teoría y sabia las posiciones de cada nota, pero no había aprendido a afinar el instrumento, y eso tal vez fue porque no le di mucha importancia darme cuenta de eso me llevo a la conclusión de que por más que supiera cómo se toca cada una de sus notas, o cuanta habilidad hubiera en mis dedos para cambiar de una posición a otra, de nada me serviría si no aprendía a escuchar  con atención  para poder afinarla.

 Estuve pasando por alto lo más importante, desarrollé mi destreza y mi habilidad pero no le daba atención a lo principal, lo que hace que realmente un instrumento se escuche bien es la afinación, y es que por más que intentes, un instrumento desafinado nunca podrá dar las notas correctas, y eso me hizo reflexionar en la vida espiritual que llevamos, ¿verdaderamente esta afinado nuestro corazón con la voz de Dios? ¿Cuantos detalles a veces pasamos por alto pensando que no son importantes?

Sin darnos cuenta podemos hacer de nuestra vida espiritual esa guitarra desafinada que alguien toca pero que no logra dar las notas correctas, y es que conocimiento y habilidad todos tenemos y si nos falta no batallamos en desarrollarlo con el tiempo, pero ¿cuantos nos preocupamos por estar alineados a lo que Dios quiere hacer, a lo que su voz nos dice que hagamos? Podemos estar pasando por alto las indicaciones o la voluntad de Dios por estar preocupados por mostrar nuestro conocimiento o nuestra habilidad en algún ministerio.

Creo que a veces comenzamos a hacer las cosas al revés y después nos preguntamos por qué no funcionan como deberían, porque es que no vemos los resultados, o por qué de pronto vimos que terminó esa labor que un día con entusiasmo comenzamos, es que en realidad nos olvidamos de lo principal  “saber escuchar a Dios, que nos dice, que desea y como es que quiere que lo hagamos” es únicamente estando afinados con Dios que podemos estar seguros de estar haciendo lo correcto.

La oración es el medio que afina nuestra vida con la voz de Dios, los momentos de comunión con Él son los que nos preparan para estar atentos a lo que quiere decirnos, cuando comienzas a carecer de esos momentos tu espíritu se empobrece, mengua, se desafina y dejas de ser ese instrumento útil que da notas de adoración a su Creador.

Cuando Dios te eligió para ser un instrumento de bendición no vio todo tu conocimiento, ni tus habilidades, el vio un corazón que tal vez le faltaba mucho por desarrollar, pero que sin duda podía ser útil si se permitía ser afinado a las notas de Su voz, créeme,  Dios no buscaba la perfección en ti, Él siempre está en busca obediencia y disposición, disposición a escuchar su voz, y obediencia para hacer lo que nos dice.

No pienses que es suficiente una buena voz, la simpatía, la inteligencia o la cantidad de instrumentos que tocas, si no sabemos escuchar la voz de Dios no nos servirá de mucho, seremos como una hermosa guitarra desafinada, que por más que se esfuerce jamás sus notas serán las indicadas.

Naciste para volar, para triunfar, para vivir por encima de cualquier situación, pero nunca olvides lo más importante “por Quien estas donde estas”.

Autora: Maite Leija

Escrito para: www.devocionaldiario.com

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