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viernes, 23 de noviembre de 2012

Los Sufrimientos de Cristo en la Cruz.



Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. – 1ª Pedro 3:18.
Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. – Filipenses 2:8.

El Salmo 22 comienza con el clamor de dolor que Jesús expresó en el momento en que concluía la obra de expiación de nuestros pecados ante Dios: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (v. 1; Mateo 27:46). Al dolor físico, al menosprecio y rechazo de los hombres, se añadían los sufrimientos insondables del abandono de su Dios.


Él, el único hombre que nunca cometió pecado, fue abandonado por Dios. En cambio David había dicho: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado” (Salmo 37:25). Este fue un momento único en la historia del mundo: el justo clamó y Dios no respondió. Se rodeó de una nube para que la oración no pasase (Lamentaciones de Jeremías 3:44).

Nosotros que hemos creído en el Señor sabemos por qué Dios dio la espalda así a su amado Hijo. En ese momento Jesús asumió todos nuestros pecados como si fuesen suyos y aceptó soportar el juicio en nuestro lugar. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

El recuerdo de esas terribles horas y del sufrimiento de nuestro Salvador es, para cada creyente, un tema eterno de agradecimiento y adoración. Suplicamos al lector que no sea indiferente ante la cruz. Su futuro eterno depende de la actitud que usted tenga respecto al sacrificio de Jesús.

Fuentes: Amen, Amen

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