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jueves, 15 de noviembre de 2012

No siga preso en la cárcel del rencor...

Dios quiere ayudarnos a experimentar sanidad interior...


Con frecuencia me cuestiono como cristiana. Siemnte que no avanza. Guardo mucho dolor en el corazón. No puedo amar a mi padre. Fue muy cruel conmigo en la niñez. Cuando creía superada la situación, ahora descubro en mi esposo una rèplica de todo lo que viví en el pasado. Me ofende y agrede, física y verbalmente. ¿Cómo ser cristiana en esas condiciones?
L.M.B., desde San Pedro Sula, en Honduras

 
Respuesta:
 
Santiago de Cali, Colombia, Octubre de 2012.
 
Los seres humanos aun cuando nos mostramos fuertes, somos frágiles por naturaleza. Hay quienes se esconden tras la imagen de alguien agresivo, pero en la práctica, son hombres y mujeres golpeados por situaciones de la vida que reflejan hoy en su forma de pensar y actuar.
 
En usted y en mí terminan ejerciendo una poderosa influencia, los factores externos. Es algo constante, todo el tiempo. Y esa influencia termina transformándonos, en la forma de desenvolvernos.
 
Lo ideal es que haya en nuestro ser un filtro para saber cuáles de los incidentes que ocurren a nuestro alrededor, podemos realmente aceptar y darles lugar en nuestro ser. Al respecto el rey Salomón escribió: “Y sobre todas las cosas, cuida tu mente porque es la fuente de la vida.”(Proverbios 4:23, Traducción en Lenguaje Actual)
 
Si lo permitimos, el mundo alrededor podrá destruirnos. No podemos olvidar que se trata de una sociedad en la que gobierna el individualismo y se evidencia la ausencia de principios y valores.
 
Nosotros damos de lo que hemos recibido
 
Otra tendencia marcada en los seres humanos, es dar de lo que han recibido. Está muy ligado al comportamiento socialmente aceptado. Por ese motivo el Señor Jesús fue claro al advertir: “La gente buena, siempre hace el bien, porque el bien habita en su corazón. La gente mala siempre hace el mal, porque en su corazón está el mal. Las palabras que salen de tu boca muestran hay en tu corazón.”(Lucas 6:45, Traducción en Lenguaje Actual)
 
Es una realidad. Sobre esa base lo aconsejable es que hagamos un auto examen de cómo anda nuestro ser y, con el propósito de avanzar hacia una sanidad interior, hagamos una lista de las personas que sentimos nos han causado daño o aún lo generan, y qué tipo de mal recibimos de ellas.
 
No puedo perdonar a mi madre porque nos abandonó cuando éramos muy niños”, compartía una mujer que no podía dar pasos sólidos hacia su crecimiento personal y espiritual. Después de analizar el hecho con detenimiento, reconoció que sólo perdonando, podía dar pasos sólidos hacia el crecimiento en todas las áreas de su vida.
 
Identificar qué nos produce dolor emocional y quiénes son los generadores o lo fueron, es esencial para perdonar. Son dos procesos ligados estrechamente.
 
Hace muchos siglos el Señor instruyó a Israel y a nosotros hoy: “Y ahora, Dios le dice a su pueblo:<
 
¿Anhela experimentar un cambio? Maravilloso. No me equivoco al pensar que todos en algún momento lo deseamos. No obstante es necesario renunciar a lo que nos causa daño. Es una decisión personal. Nadie nos obliga o presiona para que obremos en esa dirección.
 
Sólo cuando optamos por dejar atrás el pasado y todo el mal que nos produjeron, podemos crecer. Es algo inevitable. Lo más común es que tratemos de evadir la existencia del dolor interior, pero hacerlo no hará más que aplazar las soluciones. ¡Hoy es el día para renunciar!
 
Dios quiere sanarnos
 
La sanidad interior es posible, no en nuestras fuerzas sino en el poder de Dios. Él obra trayendo libertad a nuestro ser.
 
En Suramérica es común encontrarse con indígenas que llevan a cuestas pesados fardos por largas distancias. Persisten en su costumbre de llevar la carga, aun cuando frente a ellos pasan camiones. La solución está ahí, pero siguen sujetos a sus costumbres. Igual nostros. El Señor Jesús dijo: Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar.”(Mateo 11:28, la Biblia de Las Américas)Sin embargo, seguimos atados a los bultos. Queremos llegarlos aun que Dios nos ofreció llevarlos.
 
Usted y yo debemos renunciar—de manera voluntaria—a lo que nos causa daño. Sólo de esta manera, le abrimos las puertas a Dios para que sane nuestro mundo minterior.
 
No podemos olvidar que Dios no solo quiere ayudarnos en la situación que experimentamos, sino traernos sanidad. La Biblia enseña que “Dios sanó las heridas de los que habían perdido toda esperanza.”(Salmo 147:3, Traducción en Lenguaje Actual)
 
El Señor es nuestro Sanador. No hay nadie como Él. Sabe cómo hacerlo y su sanidad es permanente.
 
El ministerio de Jesús nuestro amado Salvador trajo libertad a quienes estaban encadenados y hoy lo sigue haciendo: “…Dios le dio el poder del Espíritu Santo… Dios estaba con él. Jesús hizo siempre lo bueno y sanó a todos los que vivían bajo el poder del diablo.”(Hechos 10.38, Traducción en Lenguaje Actual)
 
Es esencial que renuncie, voluntariamente, a los hechos dolorosos que anida en su corazón. Debe además y con ayuda de Dios, dejar que Él guarde su mente para que no siga anidando el daño que le causan los demás, y por último, abrirle las puertas de su corazón para que el Señor sane las heridas. Es posible emprender hoy una nueva vida con Su divina ayuda.
 
¿Ya recibió a Jesucristo?
 
Es esencial que le abramos las puertas de nuestro corazón a Jesucristo. Es el paso más importante. Hacerlo es sencillo. Recibirlo en nuestro ser como único y suficiente Salvador. Es muy sencillo. Puede hacerlo ahora mismo, allí donde se encuentra. Dígale: “Señor Jesús, reconozco mi pecado. Gracias por morir en la cruz para traerme perdón y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo Señor Jesucristo como mi único y suficiente Salvador. Declaro que mi vida te pertenece. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea e inscribe mi nombre en el libro de la vida. Amén”
 
¡Bienvenido a la libertad! Cristo lo hace libre. En adelante, permanezca prendido de la mano de Jesucristo. Ahora tengo tres recomendaciones para usted. La primera, hacer de la oración un principio de vida diario; el segundo, lea la Biblia. Aprenderá principios maravillosos para su crecimiento personal y espiritual, y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida jamás será la misma!

(Por Fernando alexis Jimenes; Estudios Bíblicos)

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