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jueves, 20 de diciembre de 2012

Iniquidad




Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado. Salmo 66:18

Hay veces que apartamos el tiempo para estar a solas con el Señor, nos ponemos en nuestras rodillas para buscar su rostro y de golpe todo se oscurece… viene sobre nosotros una voz acusadora que nos recuerda los pecados cometidos, y llegamos a la errónea conclusión que “en ese estado no podemos orar”, y dejamos de orar.

 La solución a esto no es detener mi oración, sino en encausar mi oración como Dios lo quiere.

Debemos tener siempre presente que lo primero que debemos hacer al empezar a orar es confesar nuestros pecados y limpiarnos de toda iniquidad.

Como seres terrenales, estamos afectados a una serie de cosas que originan en nuestro ser impurezas, pecados, iniquidades, que nos separan de Dios. La clave no es continuar llevando la carga pesada del pecado, sino entregársela al Señor por medio de la confesión específica y reclamando que su preciosa sangre nos limpie de todo pecado y maldad.

La próxima vez que vaya a orar no se olvide que lo primero debe estar primero. Usted sabe de lo que estoy hablando… de liberarse y limpiarse de toda maldad, pecado e iniquidad. Cuando lo haga con fe, verá los cielos abiertos y normalizados su comunión con el Señor.

Oración: Gracias Señor Jesús, porque en Ti puedo hallar verdadera liberación de mis iniquidades. Gracias por tu preciosa sangre que me limpia de toda maldad y me abre el camino para hablar contigo con libertad.

Por: Ritchie Pugliese

Fuentes: El Versículo del Día

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