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sábado, 6 de abril de 2013

Huellas o Heridas



Alguien se jactaba malévolamente de sí mismo cuando decía: “Por donde pisa Billy no crece más el pasto!”

La idea del personaje era inspirar miedo a sus rivales, transmitir la idea de que él era malo, muy malo. El más malo y cruel de todos. Sin embargo, más allá de la ficción existen muchos “Billys” en la vida real.

 Hay quienes son capaces de dejar huellas, profundas e indelebles huellas en la vida de las personas a su paso. Otras, en cambio van dejando un reguero de caídos, de gente lastimada, de almas heridas. Justamente, donde ellos pisan no crece más el pasto. No hay posibilidad de fruto a su paso.

Es curioso: una huella se parece bastante a una herida. Son marcas que quedan en el suelo. Un arado es capaz de crear algo bastante parecido a las heridas en la tierra al profundizar los surcos. No obstante ello, son “heridas buenas” necesarias para permitir sacar las impurezas de la tierra, las piedras, eliminar algunas malezas y permitir que la tierra se oxigene, entre otras cosas. En pocas palabras, crea una huella que a su momento permitirá rendir su fruto.

¿Qué hace la diferencia entonces?
No hay secretos. Es nuestra intimidad con Dios lo que definitivamente hace la diferencia. Los escritores cristianos nos inspiramos en las Escrituras. Podrás estar de acuerdo o no, te podrá gustar o no, tal vez compartas o no lo que escribimos; pero es que cada palabra que escribimos son consideraciones personales –y sólo eso– sobre lo que ya está escrito. Pero si hay algo certero es que más allá de que lo que se escribe se comparta o no, depende de nuestra intimidad con Dios –tanto del escritor como del lector– el que sea de bendición o no.

Ha habido momentos de la vida de quien esto escribe en que la relación con Dios ha sido tensa y distante. Otros, en cambio, de profunda comunión. Y ello siempre se ha puesto de manifiesto por sí mismo. Por lo que si de alguna bendición he sido, si algo bueno viste en mí, eso el Señor lo hizo y nada más que a El se lo debes. Es el estado de nuestra intimidad con Dios la que determina el impacto que han de causar nuestras vidas. Es la adversidad un puente hacia una relación más profunda con Nuestro Señor.

Sin importar lo que hagamos en nuestro servicio cristiano, Dios nos ha llamado a ser Labradores de Almas. Depende de nuestra intimidad con Dios, que dejemos surcos o heridas.

Escucha, oh SEÑOR, mis palabras. Considera la meditación mía. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. [Oh] SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana [me] presentaré a ti, y esperaré.  (Salmos 5:1-3 RV2000)

Autor: Luis Caccia Guerra

(Devocional Diario)

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