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viernes, 3 de mayo de 2013

La Fe es para Pequeños y Grandes.



 Una medalla Fields es la más prestigiosa distinción para un matemático. Cuando en el año 2002 Laurent Lafforgue la recibió, toda la atención se centró en él. Pero, para sorpresa de muchos, Laurent Lafforgue era un verdadero creyente. Estas fueron sus palabras: «Mi relación con Dios es poco emocional; la razón desempeña un papel muy importante. Busco lo más profundo, lo más importante».

 A la inversa de los que sólo ven oposición entre ciencia y fe, el matemático ve sobre todo semejanzas: «La fe, dice él, tiende a la verdad, y la ciencia también. No se puede investigar sin creer en la existencia de la verdad. Las matemáticas no las hace uno solo, sino colectivamente. Es igual que la fe, uno no puede vivirla solo… En matemáticas, nunca hay que perder de vista los problemas centrales; lo mismo sucede en cuanto a la fe: siempre tuve el profundo sentimiento de que existe lo más esencial de todo: Cristo. Creo poder decir: Amo a Cristo. Amo a la persona de Cristo».

Nos agrada leer el testimonio de un hombre erudito, pero el testimonio del hombre más sencillo también tiene su valor. La fe cristiana es universal. Hombres y mujeres de todos los países y culturas la han recibido: personas instruidas y personas ignorantes, pobres y ricos, niños, adultos y ancianos, científicos y artistas.

“¿Me amas?”, preguntó el Señor Jesús a Pedro. Que podamos responderle: “Sí, Señor; tú sabes que te amo” (Juan 21:16).

Tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación. – Apocalipsis 5:9.

(Amén-Amén)

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