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lunes, 27 de enero de 2014

¿Mide cuál es el alcance de sus reacciones?




 Fernando Alexis Jiménez | Sí, era uno de los líderes de jóvenes más competentes, dinámicos y creativos que he conocido. Guillermo era esa clase de líder cristiano que muchos desean ser. Llegó bastante agitado un sábado al caer la tarde, justo cuando nos aprestábamos a iniciar un servicio juvenil en la Iglesia. “Dañé un auto con el casco protector”, me dijo, sin más. “Reconozco que fue una locura, pero no me explico por qué reaccioné así”, explicó.

 Venía algo apurado para el templo, en su pequeña motocicleta, cuando alguien le cerró el paso con su auto, en una avenida transitada. Logró arrimarse a la orilla. El conductor del vehículo también se detuvo. Guillermo, sin pensarlo dos veces, gritó unas cuantas palabrotas y se fue contra el carro con su caso. Golpeó varias veces. Le hizo abolladuras en varias partes. Reparar los daños costaba alrededor de 300 dólares…

Lucía, una joven esposa, me refirió su reacción cuando sospechó que su esposo le era infiel. Y lo sospechó porque halló varios registros de llamadas en el teléfono celular de él. Simplemente decía: “Sandy”. Y ella dedujo que era la amante. ¿Qué hizo? Le destrozó la ropa, toda, con unas tijeras.

Días después comprobó que Sandy era veinte años mayor que su marido, que atravesaba por una situación difícil debido a una adicción oculta al alcohol y que, cada vez que llamaba a su joven esposo, era para pedirle oración procurando fortaleza del Señor Jesús para vencer la tentación de beber…

¿Reaccionó airadamente, sin pensarlo, alguna vez?¿Causó daño u ofendió a alguien? Todos lo hemos hecho. Muchas veces sin intención de dañar a nadie, pero hemos reaccionado, y esas reacciones fueron insensatas. Cuando caímos en cuenta, ya era tarde.

Cristo comprende estas manifestaciones de nuestro temperamento sin control. Le refiero una escena que describe el evangelista Lucas: “Cuando ya se acercaba el tiempo en que Jesús había de subir al cielo, emprendió con valor su viaje a Jerusalén.    Envió por delante mensajeros, que fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento;  pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque se daban cuenta de que se dirigía a Jerusalén.  Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: —Señor, ¿quieres que ordenemos que baje fuego del cielo, y que acabe con ellos?  Pero Jesús se volvió y los reprendió.  Luego se fueron a otra aldea.”(Lucas 9:51-55. Versión Popular)

Todos alguna vez, cuando no compartimos algo, deseamos vengarnos y actuamos insensatamente hacia alguien. Procuramos pagarle con la misma moneda. Una reacción sin medir las consecuencias. Y luego el arrepentimiento, cuando no había mucho qué hacer.

Tal vez ha herido a su cónyuge o a sus hijos. Está dañando su familia por no saber controlarse. O quizá levantando una enorme barrera en sus relaciones con otras personas. Pero hoy es el día de hacer un alto en el camino.

El Señor Jesús conoce nuestras emociones sin control. Y desea ayudarnos en el proceso de ser transformados. Basta que nos sometamos a Él. Nos permitirá tomar control, medir cuidadosamente lo que vamos a hacer, no causar daño a otros con nuestra forma de responder ante lo que consideramos una provocación.

Es tiempo de cambiar, de dejar atrás ese temperamento desenfrenado que nos ha causado tantos dolores de cabeza. No será fácil vencer en nuestras fuerzas, pero sí con ayuda de Dios. Le invito para que tome la decisión de cambiar. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo. No se arrepentirá. Él desea ayudarnos en el proceso de cambio y crecimiento personal y espiritual.

(Estudios de Guerra  espiritual)

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