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martes, 3 de febrero de 2015

Cuatro Pasos para Derrotar a los Gigantes


 BY RICK WARREN — ¿Cómo vas a derrotar a los gigantes que te impiden ser el hombre que Dios quiere que seas? ¿Cómo vas a derrotar los temores que te impiden ser la mujer que Dios quiere que seas?

 Si quieres ser una persona de gran fe con un gran sueño y una gran obra en la vida, debes hacer las mismas cosas que hizo David para derrotar los gigantes de la demora, el desánimo, la desaprobación y la duda.

1- Recuerda cómo Dios te ha ayudado en el pasado. David dice en 1 Samuel 17:37: “¡El mismo Señor que me rescató de las garras del león y del oso me rescatará de este filisteo!” (NTV) El recordar las formas en que Dios te ha ayudado en el pasado, te da confianza para el futuro.

2- Usa las herramientas que Dios te ha dado ahora. David utilizó las herramientas provistas por Dios, que usaban sus fortalezas: “Después Saúl le dio a David su propia armadura… —‘No puedo andar con todo esto —le dijo a Saúl—. No estoy acostumbrado a usarlo.’ Así que David se lo quitó. Tomó cinco piedras lisas de un arroyo y las metió en su bolsa de pastor (1 Samuel 17:38-40a). No esperes por algo que no tienes: dinero, educación, conexiones. Usa las herramientas que Dios ya te ha dado para enfrentar con confianza a tus gigantes.

3- Ignora a los destructores de sueños. Más tarde en su vida, cuando otras personas hablaban contra él, David tuvo que animarse a sí mismo en el Señor: “David ahora se encontraba en gran peligro, porque todos sus hombres estaban muy resentidos por haber perdido a sus hijos e hijas, y comenzaron a hablar acerca de apedrearlo. Pero David encontró fuerzas en el Señor su Dios” (1 Samuel 30:6 NTV). El animarte a ti mismo en el Señor no es sólo una actitud mental positiva. Hay una confianza sólida como la roca en la gracia, la provisión, la seguridad y el poder de Dios.


4- Espera que Dios te ayude para su gloria. David sacudió el campo de batalla al gritar: “Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor Todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado. Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Hoy mismo echaré los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras del campo, y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel” (1 Samuel 17:45-46 NVI).

Tomé esta decisión cuando era un hombre joven. Una noche, en las montañas del norte de California, me arrodillé y dije: “Dios, no soy el más inteligente, ni el más educado, ni el más talentoso. Pero voy a confiar en ti. Y en fe haré todo, siempre y en cualquier lugar, aun cuando no tenga sentido para mí”. ¡Y qué aventura ha sido mi vida!

Cada semana, me pongo en pie y hablo a una multitud que es cinco veces más numerosa que toda la población del pueblo donde crecí. Soy un chico de campo — con una honda.

Dios va a usar a quienquiera que confíe en él y espera ser usado por él, no por quién tú eres, sino para su gloria.

Reflexiona sobre esto:

¿Cuáles son los “gigantes” que se interponen entre tú y tu sueño?
Piensa en las herramientas que Dios te ha dado para cumplir tu tarea. ¿Las estás usando en toda su capacidad?

¿Cómo quieres ser usado por Dios? ¿Esperas que él lo haga?

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