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viernes, 11 de septiembre de 2015

La cruz es una doble prueba





La cruz en la que Jesucristo fue clavado revela el odio del hombre y a la vez el amor de Dios.


En efecto, cuando estaba en la tierra, Jesús iba de lugar en lugar haciendo el bien. Pero en vez de reconocer su abnegación en servir a los demás, la gente lo odió y trató de deshacerse de él.

Fue condenado y clavado en una cruz entre dos malhechores. ¡No hubo nadie que denunciara ese horrible acto! Cristo crucificado es la terrible demostración de lo que los hombres son capaces.

Ante semejante acto por parte de los hombres, Dios permaneció silencioso, no exterminó definitivamente a los culpables. Clavado en la cruz, Jesucristo pidió a Dios que perdonase a los que le habían crucificado: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Mientras los hombres daban libre curso a su odio, Jesús dio su vida por amor, para salvar a todos los que se arrepienten y creen en él. Demostró que no había nada que pudiese alterar su amor por los hombres: aceptó que Dios hiciese caer sobre él el castigo que merecían nuestros pecados. En la cruz dijo: “Consumado es” (Juan 19:30). “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46).


El corazón humano no ha mejorado a lo largo de los siglos, pero el amor de Jesús sigue siendo eficaz e inalterable. ¡Él le ama y desea salvarle! ¡Acepte esa gran salvación que le ofrece todavía hoy!


Fuente: El Versículo del Día

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