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lunes, 14 de diciembre de 2015

LA RAZÓN DE NUESTRA AUDACIA


Filipenses 1.19, 20 | Aunque la mayoría de los cristianos están familiarizados con el evangelio, muchos son reacios a hablar de su fe porque no se sienten capaces de explicarla a otra persona. Cuando nos falta confianza en nuestro conocimiento de la salvación por medio de Jesucristo, el temor a las reacciones negativas o a las preguntas pueden impedirnos abrir la boca.



Pero recordemos que Dios nos ha dado el mensaje más importante que existe. Puesto que enfrentamos muchas filosofías antibíblicas, y existe mucho engaño religioso, necesitamos tener claro el evangelio, y ser capaces de presentarlo con confianza y denuedo. No podemos dejar que el temor o la ignorancia nos impidan darle a un mundo perdido el único mensaje que puede cambiar el destino eterno de una persona.

El apóstol Pablo recibía con agrado cualquier oportunidad para hablar de Cristo, porque se centraba en el poder transformador del evangelio, no en las reacciones negativas que podía encontrar. A menudo, la razón por la que nos avergonzamos de hablar de nuestra fe es nuestra preocupación por nosotros mismos. Pero si prestamos atención a las personas que están en nuestro entorno, si expresamos interés sincero por ellas, y si le pedimos a Dios que nos abra puertas para compartir nuestra fe, Él responderá nuestra oración.

Tendemos a interesarnos por actividades que se desvanecen con el tiempo. Pero las almas son eternas y las personas necesitan conocer al Salvador. Busque oportunidades para alcanzar a quiénes están cerca de usted. Cuando las necesidades de otras personas conmuevan su corazón, usted estará deseoso de presentarles el evangelio.

Biblia en un año: 2 Timoteo 4-6


Fuente: En Contacto

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