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sábado, 25 de junio de 2016

Un cuerpo sano


1 Corintios 6.19 | Biblia en un año: Salmos 76-78 | Examínese. ¿Cuál es su actitud en cuanto a su cuerpo? ¿Qué tan preocupado está por comer saludablemente y por el ejercicio regular? Estas son preguntas importantes que muchos cristianos nunca se hacen. En realidad, algunos separan la vida espiritual de la vida física por completo. Pero esta no es la perspectiva del Señor.


Dios, quien nos ha hecho cuidadosamente, da un gran valor a nuestros cuerpos (Sal 139.13). El cuerpo humano representa la obra maestra de la creación, y Dios nos ha confiado el cuidado de este. Al igual que con cualquier otro recurso —como relaciones personales o dinero— el Padre celestial espera que le administremos sabiamente.

La primera carta de Pablo a los Corintios ofrece una imagen clara de algunos seguidores de Cristo que no trataban bien sus cuerpos. Muchas personas en la iglesia habían estado incurriendo en diversas prácticas inaceptables, entre ellas la gula y el abuso sexual (1 Co 5.1; 11.21). Por el pobre concepto que tenían del cuerpo físico, separaban —incorrectamente— a esta conducta de la vida espiritual. Creían que podían hacer lo que quisieran con sus cuerpos y aun ser considerados “buenos cristianos”.

En 1 Corintios 3.16, Pablo dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” El apóstol nos recuerda que el Espíritu Santo de Dios ha venido a vivir en el corazón y la vida de cada creyente.

Si usted ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador, entonces Él ha venido a morar en su vida. En realidad, su cuerpo se ha convertido en un testimonio andante. ¿Qué está diciendo su cuerpo sobre su relación con el Padre celestial?



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