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lunes, 24 de julio de 2017

Los Efectos de la Pornografía en el Matrimonio


Álvaro Solano | La pornografía es uno de los mayores problemas que enfrentamos hoy día en nuestras vidas y familias. El Internet y la tecnología moderna han hecho que este fenómeno sea más accesible, asequible y anónimo que nunca, y está causando efectos negativos en los matrimonios y las familias. Una investigación concluyó que al menos 85% de los hombres jóvenes y 50% de las mujeres jóvenes veían pornografía mensualmente.



Los peligros de la pornografía en la familia, y especialmente, en el matrimonio son alarmantes. El investigador Patrick Fagan (2009)[i] realizó un importante estudio sobre la pornografía llamado “el asesino silencioso de la familia”, él encontró algunos efectos de este fenómeno en los matrimonios:

La familia sufre los síntomas de una adicción.

La pornografía tiene el mismo efecto en el cerebro que una droga adictiva. Este es un proceso parecido al de las sustancias sintéticas, que producen la necesidad de obtener dosis más fuertes y más frecuentes.

Aquellos que consumen pornografía con frecuencia comienzan a tener dificultades para construir o practicar una sexualidad saludable. La pornografía crea una necesidad de estímulo que la vida real no puede satisfacer. La pornografía es irreal e ilusoria. El cerebro de una persona adicta a la pornografía redefine su patrón mental de excitación; un patrón que quizá el matrimonio no puede reproducir, y la práctica de sexo convencional pierde totalmente el atractivo. Esto puede llevar a problemas dentro del matrimonio que afectan a la familia.

Distorsiona la percepción de la intimida sexual.

Uno de los peligros más grandes de la pornografía es que convierte el encuentro sexual de dos seres que se aman en una experiencia genital grotesca. La forma en la que se muestran las relaciones sexuales en los materiales pornográficos, definen a las personas  como objetos que se utilizan para satisfacer los apetitos sexuales, impidiendo así que se conciba la intimidad sexual como parte de un compromiso decisivo con quien se ama y en el que se busca la satisfacción mutua.


Entre las distorsiones creadas por la pornografía están tres creencias: (1) las relaciones sexuales en la naturaleza son algo recreacional, (2) los hombres son en general sexualmente dominantes, y (3) las mujeres son objetos o mercancías sexuales.

Contribuye a la búsqueda del placer individual y egoísta.

Nuestra sociedad asocia el tener éxito con la posibilidad de satisfacer todos los deseos y ambiciones de forma inmediata. La pornografía es fácilmente accesible, y la exposición prolongada puede fomentar la insatisfacción con el cónyuge y con su comportamiento y necesidad sexual. La persona puede comenzar a usar la pornografía con el fin de complacerse a ella misma cuando quiere y en el momento en el que lo desee. Esto puede crear una adicción a satisfacerse a sí misma sin la necesidad de interactuar con su pareja.

Pérdida de confianza y seguridad.

En muchos casos, las parejas de los consumidores de pornografía sufren daños psicológicos profundos. Entre ellos, sensaciones de traición, no “ser suficientes” y desconfianza. Pueden también sentirse poco atractivas o no aptas sexualmente, lo que a su vez puede llevar a implicaciones a nivel de pareja.  

Relación de la pornografía con el divorcio.

El consumo de pornografía y de otras formas de contacto sexual online se consideran tan perjudiciales para el matrimonio, como una infidelidad en la vida real. Fagan (2009) citó un estudio sobre informes de abogados de divorcios en donde el  68% de los casos de divorcio, presentaban a una de las partes con un interés amoroso en internet, y en el 56%, una de las partes tenía un interés obsesivo en las páginas web pornográficas.

 

El disfrute de la intimidad sexual


El deseo sexual en sí no es incorrecto, el problema es cuando se apunta hacia lugares incorrectos. Claramente en el libro Cantar de los Cantares vemos este tipo de relación entre un esposo y una esposa, donde ambos apuntan sus deseos sexuales hacia su pareja.

Cantares 7 dice:«Tu estatura es semejante a la palmera, y tus pechos, a sus racimos. Yo dije: “Subiré a la palmera, tomaré sus frutos.’ ¡Sean tus pechos como racimos de la vid, el perfume de tu aliento como manzanas, Y tu paladar como el mejor vino!”. »   

Vemos cómo la mujer se emociona de que su esposo enfoque su deseo en ella: “Yo soy de mi amado, y para mí es todo su deseo”.  Batallar contra la necesidad de pornografía empieza cuando nos esforzamos por enfocar el deseo sexual sobre nuestra pareja.


 * Alvaro Solano Mena. Ingeniero en Electrónica, especialista en Telecomunicaciones con más de 15 años de experiencia en este campo. Ha trabajado a nivel ministerial en áreas tales como el uso de la tecnología y las redes sociales en la Iglesia, capacitación para empresarios y emprendedores así como enseñanza a nivel de grupos de matrimonio y de estudios bíblicos.  Actualmente estudiante de Maestria en Liderazgo Bíblico. Casado desde hace 17 años, con dos hijos.


Fuente: Enfoque a la Familia

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